Sara Herranz Illustration
21 de agosto de 1987
Cuatro días he pasado sin escribir una sola palabra, la vida
está tan abarrotada de cosas que a veces es difícil distinguir la noche del
día.
Quiero decirte que me han llegado algunas fotos tuyas ayer y
un poema que devore hasta la madrugada. A veces siento que no soy digna de tu
amor, realmente no soy una mujer fuerte para gustar de los placeres y dulzuras
que tiene la vida, y por favor no me menciones la felicidad, porque los recuerdos me hacen sufrir, ni me menciones la esperanza y la
Paz, de esas que sienten las aves cada vez que están en el cielo. Ojala
pudieras verme ahora, para mostrarte las cenizas que la tristeza ha dejado en
mi corazón, empero cada vez que leo tus cartas, te conviertes en ese instante
en el sol que alumbra mi alma, que hace que las siluetas de mi corazón se abran
como una rosa cuando abren sus pétalos mirando al firmamento. Desde que estoy
junto a ti amor mío, siento que volví a nacer, siento que los dioses me miran
desde lejos a través de tus ojos negros hechos fuego, ahora mi espíritu no está
vacío de afecto.
Porque esto amor mío,
es a lo que yo llamo Amor, ese que canta en nuestros silencios profundos, aun
estando en el abismo de la tristeza, y la soledad. Y cuando sonreímos, el amor
alumbra nuestras noches, y nos libera de nuestras cadenas, cuando nos sentimos
amargados y desesperanzados. Y a veces la juzgamos mal, y hablamos de ella sin
ni siquiera conocerla, pero solo cuando hay amor, el alma es capaz de vagar por
lugares desolados sin caer de rodillas frente al mundo que la atormenta. El
amor es profundo, y aunque parezca lejana siempre está cerca, convirtiéndose en
el otoño y la primavera de nuestro espíritu. Y cuando ella canta, los sordos la
escuchan y los ciegos la presencian, quedando atónitos y cautivados de su
esplendorosa belleza, y la siguen maravillados y conmovidos.
Perdóname amor mío, por
estas letras que acabo de escribirte, pero es lo único que tengo para darte
esta noche, y no creas que me he abandonado a mí misma, pero a veces la vida te
cuestiona tanto que caes en un abismo derrochador de desesperanzas ilusorias.
Cuento y marco los días de mi calendario para verte.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

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