22 de julio de 1987
Tocar el violín, escuchar The Beatles y
escribir a luz de la madrugada es un hábito que no quisiera perder. Creo que
los dos tenemos un poco de esa locura que combinada con el arte nos permite
sobrepasar montañas y empapar el ama al ritmo de las
notas musicales. Estamos siendo a cada momento, y juntos o a la distancia
trascendemos el tiempo, ese es el acto de nuestro amor. Despojada y desnuda
esta mi alma hoy, ya no tengo miedo, ya no me siento tan sola como la ave que
ha perdido el rumbo, ya no siento frío, y nuestras citas casuales crean la
armonía que tanto hemos buscado. Creo que hemos ido comprendiéndonos
letra por letra, beso por beso, paso por paso, los dos buscamos algo que aún no
sabemos qué vamos a encontrar, pero por ahora disfrutamos del camino.
Quisiera ver tu rostro cada vez que lees
mis cartas, así como ves el mío cada vez que tocas el piano. Cuando me
recuesto, te recuerdo, y veo en tus ojos ese Azulejo que vuela por las islas
Bolivianas, volando alucinado por el aire y las brisas, dejándose maravillar
por el aroma de las flores y los mares que recorre. Yo deseo ser el aire que
cubres para sentir tus alas tocar mi cuerpo. Yo iría a buscarte, para mirarte
desde lejos y maravillarme de cómo sobrepasas el viento y la marea haciendo
temblar montañas y selvas con el aleteo de tus alas.
Amor mío, el solo hecho de que pueda
abrazarte, tenerte a mi lado, sentir el palpitar de tu corazón,
sentir el ritmo de tu respiración, hace que esta vida sea mucho más llevadera.
Yo te quiero porque vos sos el túnel iluminado que necesitaba mi vida, te
quiero porque vos sos el Yin yang que une mi puente con el tuyo, te quiero
porque vos sos mi cuento de amor favorito, te quiero porque sos el reflejo que
quiero ver cada día al mirar al espejo, te quiero porque ese esa es mi condena:
amarte cada día de mi vida.
Valoro la vida por darme la oportunidad de
haberte conocido, eres el canal que deseo cruzar para llegar a la Luna.
Con Cariño, Manuela Zimmerman.

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