Sara Herranz Illustration
27 de octubre de 1987
Hubiese entregado
mi vida a Dios, antes de nacer, para nunca haber ardido por dentro, como cuando
la tristeza apuñala tus entrañas, buscando palabras que no encuentras bajo las
sabanas de la vida. En este cuerpo sobrevivo, ante la inminente existencia, descifro
mi dolor con letras que nadie lee, ni perfuma; la poesía compañera de noches
inciertas resuena ante la tristeza de mi alma que carcome las angustias y las
voces quebradas de versos que no llegan. Las noches hierben como sangre
caliente, mientras mis manos que no logran escribir se quiebran ante el temblor
de la desesperanza y la enfermedad, porque un dolor así no se quita con
cualquier remedio, un dolor así se sufre con la mayor de las agonías, sin
pastillas, ni recebo que magulle las heridas. La soledad abraza mis días, un
cigarrillo y varios libros acompañan mis madrugadas cuando la luna se esconde
para darle paso al sol, mi vela está por apagarse, y aun no escribo algo que
valga la pena, mi desvelo parece durar para siempre, apoderándose de pensamientos
que afligen mis sentidos, no conozco la vida, ni la alegría de la que suele
hablar la gente, estoy condenada al desamor, al temor de mis noches, y de las
sombras que persiguen mi vida, ya ni escucho los palpito de mi corazón que se
esconden detrás de la oscuridad que habita mi ser.
Yo solía pensar en
mi infancia que la vida era vida porque valía la pena vivirla, pero ahora es
solo una imagen bizarra e hiperbórea que rodea difusamente mi mente, ahora me
meo sobre un asilo miserable de melancolía sin razón, convirtiéndome en una
carga para los que me rodean, no merezco la vida, no merezco ser ese alguien
que deba estar a tu lado, no merezco tu cariño. Esta tristeza desolada es una
característica de mi propio exilio, quiero gritar sobre cualquier montaña, llorar
hasta quedarme dormida para nunca más despertar, dime amor ¿merezco tu cariño?,
no quiero despertarme de nuevo con el alma vacía, llena de telarañas y pesares
inciertos. Ahora me doy cuenta de cuanto me faltas, de cuanto extraño tu
cuerpo, tus labios, tus manos, tus brazos...
Quiero que sepas
que todo este tiempo a tu lado ha sido algo esplendido, y maravilloso, y aunque
esta espera inenarrable sea producto de mis amargos días, quiero que sepas que
aun te espero con anhelo, aunque mi cabeza sea un laberinto incierto y oscuro,
aunque mis piernas no sepan qué paso dar cada día que estoy frente a mi cama al
despertar, aunque mi corazón presiente soledad y desahucio, te espero amor mío,
te espero.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

No hay comentarios:
Publicar un comentario