6 de agosto de 1987
Así son los paisajes
azules primavera que marcan el cielo con tu sonrisa y en las noches, mi silueta
es alumbrada por una luna imaginaria donde renacen mariposas fosforescentes que
parecen cortadas a la medida de nuestro amor. Ha llegado la hora de dejar de
prometernos cartas vacías, y de elegir algún camino, pues navegar es lo que
quiero hacer contigo; embellecer los recuerdos, vivir por ellos, y morir por
ellos. Supongo que el viento nos complacerá, tú sabes que la vida es frágil,
silenciosa e inagotable como los sueños y yo soy demasiado joven para pensar en
el futuro. A fuerza de querer suscitar estos hechos, debemos encontrarnos en la
nube que con el vuelo de las aves suele escoger el rumbo de los hombres que
caminan sin superficies claras e ideológicas concebidas por la propia
existencia. Me interesan aquellas nubes con alas asignadas por Dios para
escoger el rumbo de los hombres silenciosos que cuestiona la vida con humor, de
ese que le falta a los sabios y a los pobres de corazón.
Es cierto que no retornaremos,
leeremos y escribiremos libros que hablarán de nosotros y de nuestras
aventuras, llegaremos a la vejez solo para contarle al mundo, que el amor
eterno si existe y que vivir en la cima de una montaña sin pensar en que hay
más colinas por recorrer como lo decía Mandela también es posible, al fin y al
cabo amor es lo que nos sobra.
Nos vemos mañana a las
11 pm, estación 13, puente 7.
Te gusta caminar de
noche, ese es mi regalo.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

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