Sara Herranz Illustration
6 de noviembre del 1987
Acabo de llegar, he
caminado desde el Parque Nacional, hasta el Parque Babaría, bajando hasta la U
Nacional, la ropa me huele a calle, a desahucio, a soledad prematura, y
melancolía sin sello de lágrimas. Esta semana recibí 100 pesos por parte del
periódico por mis cuentos, los cuales guardaré para llamarte en estos días,
solo porque deseo escuchar tu voz, aunque leerte es suficiente, pero quiero
hablar contigo, escucharte de vez en cuando es bueno, en la lectura se tiende a
perder la voz del otro, no sé si a ti te pase igual, pero a mi si, se me tiende
a desvanecer la voz, y la lectura se convierte en un soliloquio prematuro.
Es una lástima que
estés tan lejos, quisiera recitarte poemas de Benedetti, para luego hacer el
amor desenfrenadamente, y por ultimo salir a caminar tomados de la mano, beber
alcohol, fumar marihuana, y mirar el cielo llorar con sus estrellas brillantes
que solo nos muestran lo sola y apagada que se encuentra la luna. La muerte
pulula ante mis pies, ¿será el encierro?, no lo sé.
No he parado de
escribir durante días, cuentos y poemas de toda clase, y está a punto de
explotarse mi cabeza, quizás también es porque siento una gran preocupación por
mi existir, y en verdad amor mío, lo único que deseo es escribir, escribir, escribir,
escribir, escribir (bis)... Y luego, si puedo, dormir un poco.
Amor, te llamaré
pronto, te pido que en tu próxima carta me envíes la hora bogotana a la que
puedo llamarte, tu sabes que yo no sé nada del cambio de horario. Adjunto una
foto mía en el parque del virrey, y también una foto del árbol al que le solías
hablar para no sentirte solo, me pregunto si te extrañará, dicen que los arboles tienen memoria; y tu
amigo Fernando Rey, te manda saludes, me lo he encontrado hace dos días en el
parque Lourdes, lo vi un poco triste, quizás su novia volvió a dejarlo, además
tenía pinta de no haberse bañado en días, sin embargo me dijo que estaba bien,
pregunto por ti y le dije que estabas bien, y que pronto regresarás, marco una
leve sonrisa en su boca, se despidió de mí y se alejó con pasos lentos y
tambaleantes.
Te dejo amor mío,
no me olvides tan pronto y sigue esperando mis cartas.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

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