Sara Herranz Illustration
15 de octubre de 1987
Un mes sin
escribirte, amor mío, esto en verdad me parece un desatino. Pero créeme que no
he dejado de pensarte. Quiero recordarte que he adjuntado todos mis escritos
que he publicado en el periódico en este mes y medio, también quiero decirte
que tus cartas han llegado en buen estado, sin embargo se han perdido algunas
en el estrecho viaje hasta aquí.
Llevo noches pariendo
y abortando letras que no son más que peroratas amargas, y por eso he acortado
las cartas. Pareciera a veces que estuviera alimentando las palabras de una
mariposa sin alas, y jubilando las letras de una joven sin memoria. Pero el
alud de tus cartas reaviva mi sentir, apagado a veces por la rutina y la
desesperanza, tú sabes cómo es Bogotá cuando el sol no brilla.
Oprimiendo entonces
este lápiz contra el papel deseo atiborrar la urbe de mi desolada juventud,
diciéndote que te extraño, y que el terciopelo de mis lágrimas se acentúa por
mis pómulos cada vez que no te tengo a mi lado, y el resplandor de mi vida poco
a poco se apaga. Quisiera traducirte en letras, este mi mayor duelo, pero no
hay huellas que desplieguen mi alma ante estos vulgares sentimientos.
Cada mañana al
extender mi mano sobre nuestro lecho, no encuentro más que mi sombra donde solo
habitan fantasmas monótonos, pues buscarte a mí misma en ti, ha sido la peor
profesión que he tenido que soportar, y me pregunto ¿cuántos días más, cuantos
meses más estarás lejos de mí? Mi corazón es un vasto repertorio de heridas
pasadas, no quiero que tú te conviertas en una de ellas, quiero tenerte cerca,
para ver tu sonrisa iluminar mis días, porque no entiendo esta variedad de
sutilezas, que no justifican mi existencia, ¿acaso es tarde para continuar?,
pero si mi corazón es una verdadera amante, espero soporte tu ausencia que ha
de continuar, y aunque muerta me encuentres, el amor no morirá jamás. Solo
quiero que lo sepas, y no estoy desvariando, créeme que hablo con la mayor de
mis sinceridades, mi alma resuena como el aleteo de un pájaro invencible,
aunque huela a muerte y a olvido, mientras sepa que existes levantaré la cabeza
al cielo, el escenario ahora es tu espera, y la obra aún no tiene un final.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

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