Cartas de Manuela Zimmerman, es una novela epistolar escrita por (Julie Paola Lizcano Roa), cuyo seudónimo es Carlotta de Borbonet. Aquí podrán encontrar toda la zaga, además de poder leerla también en el El Magazín del Espectador. Espero disfruten de esta gran obra.

lunes, 4 de agosto de 2014

CARTA Nº 29


4 de agosto de 1988

Se vuelve pesado el sentido cuando la única forma de seguir viviendo es obligarme a salir de este encierro al que tú me has sometido, con una gran necesidad de seguir escribiéndote a mares en un ahora, que no logro soportar. Parece que lo único que me queda, es intentar escribir solo para mí,  pues siento que a mis 32 años el siempre, ha terminado en este momento desierto, curvo y desconfiado, es decir invisible y poco tangible, pues mi alma se niega a sentirse segura, aún en el más hermoso paisaje que pueda brindarme el mundo; muero de idealismos, pero no importa, ahora tomaré mis maletas y regresaré a Colombia, allí donde las calles tienen nuestro nombre y donde mi cama tiene sobre sus sábanas el olor de tu cariño. Como odio la ausencia, me has hecho a un lado escribiendo en mis labios tu entierro, que me limita en mi gran desinterés por la vida que desde niña soñé, esto es definitivamente una tristeza inenarrable que tiende a mi consumo de alcohol y drogas para silenciar en instante este dolor, sé que simplemente debería dejarte, darte la espalda y empezar a construir un nuevo camino, pero ¿qué camino puedo construir, cuando eras tú quien lo iluminaba? ahora debo caminar a tientas, mientras el silencio de nuestros cuerpos hospician las contradicciones que me sumergieron a amarte. Soy una caricatura, y ya no puedo más con estos silogismos que eslabonan mi sentir, y que elevan el pasado que poco a poco se desmorona. Ojala pudiera condensar los recuerdos en una cajita de pandora, donde pueda entrar y seleccionar nuestros mejores capítulos; deseo encontrarme con la suerte, para deslumbrarme de nuevo, y así no caer dentro de mí, que es igual a caer en un abismo profundo, donde los miedo adyacentes enferman y me avergüenzan de haberte amado sin sentido, deseo alejarme del tu camino con la cabeza en alto, y así volverme a ilusionar de toda belleza que se equipare de confianza y seguridad, pues las paredes empiezan a abrirse y veo en sus hendiduras la mancha de tu indiferencia. Deseo quedarme dormida y soñar porque allí si te podré encontrar, los sueños son mi gran afición porque allí puedo encontrar lo que quiero, pero son frágiles al igual que la existencia humana, que intenta unificar, clasificar y ordenar los sentimientos entre abanicos, que sientan un leve desdén por vivir sobre la tierra; convendría amor mío, guardar las penas, reanudando en obras literarias nuestra historia. En este momento siento que debo ser fiel a mi sufrimiento, soy una joven prematuramente rebelde, fraccionada, e inmadura que buscó en ti la forma de crecer y ser diferente, esperando que alguna vez mi madre se sintiera orgullosa, por haber logrado hacer algo bien en mi vida, pero fracasé de nuevo, y me fatiga pensar excesivamente que lo de nosotros solo fue un exceso de grandes encuentros sexuales, que eran inhibidos por las drogas y el alcohol, y hasta ahora me doy cuenta que en verdad nunca te entregaste como yo lo hice contigo.  Me culpo por ser una literata romántica e irreal, de miedos indignos que soñó con una vida junto a ti y que ahora simplemente se encuentra sola, rodeada de amigos imaginarios que se suponen, debieron haberse ido muchos años atrás en mi vil niñez, pero eso es lo único que me queda...ahora que empiezo a despedirme.

Dejándote en pedazos, Manuela Zimmerman. 

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