Sara Herranz Illustration
29 de
julio de 1988
Este dolor que cubre mi alma con
lágrimas de sangre solo tiene tu nombre escrito en las yagas de mi ser, ahora
llueve en NY y mi cuerpo se cubre de un frío cruel, caminar ya no me sirve de
nada, cuando lo único que deseo es recorrer las calles contigo cogidos de la
mano; pero ya no estás, no sé nada de tu vida, pasan las semanas y ésta
ausencia crece, tu silueta empieza a
desvanecerse y el olor a ti ya no lo encuentro en nuestras sábanas. Dime amor
mío, ¿qué debo hacer para poder soportar este destino magullado, que necesita
ser escrito para no ser olvidado?, dime amor, porque a mí ya se me están acabando
las ideas y el puente empieza a quebrarse por la mitad, mientras yo caigo a la
profundidad de una abismo donde dragones me consumen entre destellos de fuego
que no saborean mi cuerpo, ya un poco roto.
De mala gana empiezo a esperarte,
mientras paso horas fumando y escribiendo melopeas absurdas que fracasan cada
vez que llego al final de algún punto suspensivo, basta suponer que el tiempo
resolverá esta incógnita que ahora me ahoga, que me asfixia y no me deja
respirar; pero ya que importa, morir quisiera para dejar de sentirte aquí
dentro, donde nadie puede ver ni sentir cómo mi corazón se detiene entre un
palpitar y el otro. Fuiste un egoísta al creer que lo que estabas haciendo era
comprar mi cariño con versos, que ahora son simplemente palabras sin sentido; y
entiendo que lo único que deseabas era usarme como una de tus putas, a las que
hace meses te gustaba visitar para
suplir tu vacío sexual, y yo ciega ante ti, me acorrale en un mundo al que no
deseaba permanecer cuando creía que tú eras solo para mí.
Este sexto cigarrillo se quema
lentamente, mientras el insomnio me absorbe al destierro de la realidad, no sé
ya cuánto tiempo llevo aquí encerrada, sin comer y lidiando con el alcohol que
anestesia en instantes este dolor tan profundo que ni el abismo más grande
podría compararse, pero insisto en protestar ante tu partida, lo único que
deseo es encontrarte, que regreses a mi lado, que sigamos escribiendo nuestra
historia en versos sobre nuestros cuerpos, hacer el amor desenfrenadamente,
salir para beber y consumir marihuana y así ir a visitar a nuestros amigos, que
aún nos esperan en el Parque Nacional, especialmente mi amigo el árbol, quiero
hablar con él y hacer algo para que los perros dejen de orinarlo cada vez que
se acercan a él, te extraño, quiero recobrar mi vida, pero ahora me desvanezco,
porque mi vida depende de ti, y sin ti simplemente no soy nada.
Dame una señal, por favor. Manuela
Zimmerman.

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