Sara Herranz Illustration
24 de Diciembre de 1987
Contemplo mi habitación, escribo mientras
siento que la vida se me va, algo está por venir, no sé qué es, me escondo bajo
las cobijas, lloro profundamente, siento el cansancio recorrer todo mi cuerpo,
siento en mi alma la distancia, esta dolorosa realidad que me hace sentir tan
angustiada y melancólica, el cielo se cubre de
tristeza y toda esperanza se esfuma en el ahora. Los recuerdos de ti me hacen
sentir tan vacía que empiezo a sentir que ya nada me sorprende, ni mucho menos
me sostiene, es como si poco a poco estuviera empezando a perder la facultad de
sentir, de disfrutar, de admirar, la vida se ha convertido en el depositario de
mis culpas y penas. Esta necesidad absurda de retroceder el tiempo, para
recobrar los recuerdos cuando sé que es ya demasiado tarde abruma y empeora mis
sentimientos de soledad; no soporto no sentirte, la vida pasa con miles de
poemas sobre mi espalda, llenos de incertidumbres y temores, intento aprender y
distinguir estos estados que me ponen en la balanza entre la vida y la muerte
que se reparten en la oscuridad de mis días, especialmente cuando el sol se
oculta detrás de las montañas y el horizonte se torna oscuro sin probabilidades
de narrarle a alguien lo que siento, sin un compañero con quien quejarme de las
desgracias que se anudan dentro de mi garganta y en el interior de mi pecho.
Solo se me ocurre pensar que esta sensación de soledad es tan grande, que lo único
que deseo es huir despavorida a algún lugar donde no tema hallarme, y así
encontrar la lucidez que tanto necesito.
Hoy es
navidad, y pensaba escribirte algo que demostrara mi amor por ti, pero solo he
rociado esta hoja de angustias y melancolías baratas, esto realmente es una
deshonra para nuestra relación idílica. Ahora solo deseo abrir mis brazos e
imaginar que tú apasionadamente me abrazas y que la vida vuelve inesperadamente
a mi cuerpo. ¡Feliz navidad!
Con
cariño, Manuela Zimmerman.

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