Sara Herranz Illustration
22 de Diciembre de 1987
He decidido viajar a New York, y quedarme a vivir allí por unos meses, me
han ofrecido un trabajo en una revista literaria, y no quise rechazar la
oferta, apenas llegue te escribiré y te mandaré la dirección para que mandes
tus cartas a mi nueva residencia.
¿Sabes? el tiempo pasa, y lo único que escucho es resonar las manecillas
del reloj que cuelgan sobre la pared de mi habitación, anoche camine bajo la
lluvia mientras un silencio profundo, lleno de formas y visiones me hacían
recordar los días en que los dos caminábamos por esas mismas calles, sin
temerle a la distancia que hoy desafortunadamente nos separa. Aún me atrevo a
pensar que el tiempo será la golondrina de nuestro destino y de nuestro
refugiado amor, a veces siento que lo he perdido todo, y tengo miedo de
perderte, pero mantengo la esperanza de que si existo es por algo, y en la
soledad me limito a recoger los besos mojados y los abrazos que dejaste sobre
mis sabanas.
Tal vez esta noche en sueños rezagados se tropezarán nuestras almas, el
silencio será nuestro encuentro, llenarás mi corazón vacío y la vida dejará de
doler, pues tú haces que las aves aleteen para que escalen lentamente los
remolinos de aire que recorren nuestra ahogada respiración. He comprendido que
escribiéndote acorto la distancia y abrazo sin naufragio tu vos, imploro a Dios
que mañana pueda vestirme de blanco para recibirte, pues tu ausencia hace que
los días sean más tensos, grito internamente, me confino, y me doy cuenta que
cada día es más difícil hallarme. Estallará el destino, y las sombras serán
cada día más negras, los miedos acariciaran mis insomnios, necesito de tus
brazos que me levanten y me lleven a la otra orilla, donde el sol iluminará
nuestros días, por fin juntos.
He de partir ahora, acurrucada bajo los relojes sin manecillas, te
espero.
Con cariño, Manuela Zimmerman.

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