29 de agosto de 1987
-Manuela,
Manuela, Ma… gritaban repetidamente anoche mientras intentaba conciliar el
sueño, y abrazando temerosamente y conmocionada la almohada por lo que allí me
sucedía, decidí vestirme y salir a caminar. Recorrí la séptima con 57, hasta
llegar al Parque Nacional, donde me fume algunos cigarrillos y le escribí al
firmamento que me miraba cautelosamente en esa soledad que me abarcaba,
pensando al mismo tiempo en cuándo regresarás. Tú sabes, me siento desesperada,
pues aún no han llegado tus cartas, aunque el cartero me ha dicho que ha sido
por retrasos de la empresa y que parece que las cajas de los correos las
confundieron, las cuales no llegaron a Bogotá, sino a otra ciudad. Las llamadas
internacionales también son un caos, y las líneas se caen con facilidad, además
su costo es muy elevado, y tú sabes que yo solo vivo de la escritura. De paso, estos días he mandado algunos
escritos a la Revista PLP,
hable con un tal Marcos
Rodríguez quien se ha interesado por mis cuentos cortos, aun así el pago
no es bueno, quedo de llamarme este mes para confirmarme lo del trabajo.
Estos
días me he dedicado a la escritura, a la lectura y a pensar en ti, muchas veces
he deseado desesperadamente que una voz interrumpa mis silencios, pues es la
única forma de liberarme del miedo y de esas voces en mi cabeza que me
atormentan. Pero, se me magulla el alma de pensar que quizás tú estés empezando
a olvidarme; pero no te preocupes, aún no he caído en la tristeza absoluta del
abandono, pero amor mío, me hace mucha falta tu cariño, porque el mío empieza a
agotarse y a endurecerse, y no quiero echar a perder nada de esto, es que no
quiero volver a los caminos de antes, esos que recorría antes de conocerte, ese
mundo lejano en que la vida me arrastraba y me azotaba sin permiso. Espero
algún día llegues a comprender cuanto te quiero, y lo repito sin vergüenza ¡Te
quiero!, esta es nuestra aurora, que nos calienta cuando tenemos frio, que nos
da esperanza en nuestra soledad, y donde los poemas se convierte en el himno de
nuestro amor.
Nunca
creí que esta separación temporal, me fuera a atormentar tanto. Y ahora, no sé
con qué conformarme, solo tengo pedacitos de pensamientos tuyos envejecidos en
mi armario, aunque solo las abro para besar tu nombre.
Con cariño, Manuela
Zimmerman.

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