10 junio del 1987
He pasado tres días sin escribirte,
y han sido los peores días de mi vida, es que necesito tanto de ti. Quiero
decirte que en estos días me he perdido en la voz alucinada del alcohol y la
marihuana, ayer estuve con un tal Ed, pero me di cuenta después de haber hablado con él 5 horas,
que era un árbol de esos tantos que hay en el Parque Nacional. Y entonces,
cerré los ojos y quede sumergida en un gran humo de desesperanza, lloraba sin
parar y sentía como la tristeza se localizaba justo en mi estómago, allí donde
la ponzoña del amor nos hace trizas, y Ed me decía, ven amor mío, acércate,
déjame acariciarte por un rato, déjame escribirte un poema con mis ramas sobre
tus senos, ven acércate un poco más, que la vida dura poco, pero el dolor toda
una eternidad, ven déjame abrazarte un rato, ven hablemos de nuestros
amaneceres bajo la lluvia de noviembre, ven no tomes tanto, ¿sabes? me encanta
esa blusa que traes esta noche, pero de repente me dieron ganas de cortarme las
malditas muñecas, ganas de desangrarme allí en el Parque Nacional mientras Ed
me hablaba de los perros que lo orinaban cada vez que se le acercaban, y
entonces sentí pena por él, nos abrazamos, le di un beso de esos que no tienen
mucho significado y partí a casa. Llegue con la noche sobre mis parpados, aun
cuando el sol no se vislumbraba en la ventana de la sala, y me sentía triste,
así que me fume otro cacho de marihuana, luego escribí tu nombre en un
papel dándole un beso a la hoja para dejar la marca de mis labios, con
ese colorete rojo que a ti tanto te gusta, lo puse sobre mi almohada y dormí
sintiéndote el resto de la noche a mi lado, y es que mi soledad es tan grande
amor mío. Por eso te pido, que por favor, no me olvides.
Con Cariño, Manuela Zimmerman.

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